El futuro se despeja para Sacyr

Tras superar una tormenta perfecta en la que parecía casi imposible que Sacyr saliese viva de la misma, la empresa madrileña encara ahora el futuro con un optimismo compartido por varios de sus mayores accionistas. La empresa comandada por Manuel Manrique ha sido capaz de desprenderse de gran parte del que era su mayor lastre hasta hace poco: su inmensa deuda corporativa (que se ha reducido desde alrededor de 8.900 millones de euros en el año 2011 a poco más de 3.200 millones en la actualidad, gracias en gran parte a la venta de activos no estratégicos para el grupo). La mejor de las noticias es que la facturación del grupo de servicios crece de nuevo tras varios años de descenso, y las previsiones que maneja el mercado son positivas en este aspecto, ya que se espera que la compañía aumente su facturación a un ritmo cercano al 4-5% anual durante los próximos ejercicios. Además, la empresa es rentable de nuevo desde el año 2014, aumentando progresivamente su margen de beneficio neto a la par que sus ventas anuales, es decir, una combinación que puede resultar perfecta para crear valor para el accionista si se gestiona de una manera correcta como últimamente se viene haciendo.

Más allá de la inmejorable noticia de un endeudamiento que se reduce anualmente, quizás el gran activo de la empresa reside en el 8% que aún conserva la misma de Repsol, la mayor petrolera española y una de las más importantes a nivel mundial. Tras años de deuda asociada a dicha participación (y que se comía “anualmente” el dividendo percibido desde la petrolera), la empresa puede ahora disfrutar un dividendo anual de entorno a los cien millones de euros, que sin duda será bien recibido por parte de los acreedores de la empresa de servicios. Además, al igual que la tormenta perfecta hundió la cotización del grupo en los años mas duros de la crisis, ahora se da la situación inversa en forma de buenas noticias: los beneficios de Repsol crecen por un mayor precio del petróleo, la deuda de la petrolera se reduce a buen ritmo anualmente, y esto permite que el payout (porcentaje de beneficios destinados al pago del dividendo anual) suba a un mayor ritmo que como lo ha hecho en los últimos años, beneficiando a Sacyr de una forma directa por el dividendo percibido anualmente.

El futuro de la compañía

Tras un intenso saneamiento llevado a cabo durante los últimos años, la empresa respira ahora sin perder de vista que el endeudamiento sigue siendo elevado si se compara con las empresas del sector (teniendo aún un endeudamiento de alrededor de 8 veces EBITDA, un ratio muy elevado pero que se ha logrado reducido a la mitad en los últimos cuatro años). Lo que parece una realidad, es que el compromiso de pertenecer en el accionariado de Repsol a largo plazo continúa intacto por parte de la empresa (según han declarado recientemente desde el grupo), lo que da cierta garantía a los accionistas y acreedores sobre que el plan de reducir deuda sigue por buen camino. Además, lo más llamativo de la situación es que con una deuda que probablemente se situará por debajo de los 3.000 millones de euros en el año 2019, la participación que ostenta Sacyr en la petrolera esta valorada en algo más de 2.300 millones de euros, lo que prácticamente garantiza la viabilidad del proyecto de Sacyr de cara al largo plazo sea cual sea el entorno y desempeño de la empresa siempre que el grupo siga generando beneficios.

Por último, otro punto a favor de la empresa y que crea estabilidad a largo plazo en cualquier corporación es su estable accionariado, compuesto principalmente por accionistas individuales (que siempre genera mayor confianza en el mercado al tratarse de patrimonio personal): en este sentido, entre siete accionistas individuales y corporaciones familiares acumulan el 44% de la empresa (entre los que se incluye el actual presidente de Sacyr Manuel Manrique, que controla un 1,6% de la constructora a título personal). Todo parece indicar que la época dorada de Sacyr podría no ser cosa del pasado, ya que como se puede observar en este artículo, la empresa ha tomado decisiones drásticas para no solo sobrevivir, sino crear valor de una forma significativa para sus accionistas en el largo plazo.

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